martes, 21 de abril de 2015

Los placeres del condenado - p. cuatro


Una sonrisa memorable:
[…] mi madre, siempre sonriendo, queriendo que todos
Fueramos felices, me decía ‘¡sé feliz, Henry!’
Y llevaba razón: es mejor ser feliz si
Puedes
Pero mi padre seguía pegándonos a los dos varias veces por
Semana mientras
Rabiaba en su esqueleto de 1.89metros porque no
Comprendía que le estaba atacando por dentro.
Mi madre, pobre pececillo,
Deseosa de ser feliz, apaleada dos o tres veces por
Semana, diciéndome que fuera feliz: ’Henry, ¡sonríe!
¿por qué no sonríes nunca?’
Y entonces sonreía ella, para enseñarme, y era la
Sonrisa más triste que he visto nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario