lunes, 25 de abril de 2016

RRHH & RRSS

Que fácil es olvidarse y deshacerse de alguien es estos tiempos donde las redes sociales están en su máximo esplendor.

De camino hacia la estación de buses el lunes por la mañana pensaba (no se porque) en Valencia y en la gente que conozco via twitter, instagram o snapchat que vive, que ha vivido o que está pasando unos días ahi y me acordé de un usuario que a finales del año pasado me dijo que no aguantaba más mi timeline de twitter (o algo así) y que me dejaba de seguir y que todo me fuera bien en la vida blablabla. Le dije que vale y que yo le haría unfollow de vuelta (obviamente no voy a seguir a alguien que no me aporta nada positivo, además de hacerme unfollow. -desde un principio le hice follow por compromiso pero lo tenia muteado; don't tell anyone-). 
La verdad que ese unfollow fue un alivio. Recuerdo ver sus cosas en snapchat y pensar 'como diablos una persona de su edad puede llegar a ser tan corta de miras...?'. Él puede que pensara lo mismo de mis cosas, solo tengo 22 años. Los intereses y las preocupaciones son diferentes.


Os pongo este ejemplo para argumentaros de alguna manera el párrafo del principio. Como con un simple unfollow puedes olvidar la existencia de alguien, cómo estamos 'fingiendo' que no hay nadie al otro lado de la pantalla aunque nos contesten los tuits y cómo hemos conseguido que las relaciones humanas sean más frías que nunca.

(Por cierto, a esta persona la mutee y la bloquee el otro dia en twitter porque vi a alguien interactuar con esta. Yo decido que veo en mi timeline y no quiero ese tipo de mierdas y tonterías que dice, la verdad)

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