mi madre me dio rosas para que las cuidara.
estaban todavía por abrir. las rosas no se abrían.
las vi envejecer pero las rosas no se abrían. los capullos estaban tan cerrados como las cárceles cuando salen los presos a pasear por el patio.
de un día a otro, las rosas mostraron todo su esplendor. al día siguiente, los pétalos empezaron a caer sin que yo pudiera pararlo. cogía los pétalos que se caían e intentaba pegarlos junto a los demás pero por cada pétalo que tocaba otros tres se caían.
no había manera de arreglarlo.
destrocé su vida.
ilustración: Maria Sibylla

Impactante. Lo he leído un par de veces y aun así no encuentro la palabra.
ResponderEliminarMe reafirmo en que hay sentimientos que el lenguaje no puede expresar.