jueves, 24 de septiembre de 2015

Los placeres del condenado - p. dieciocho



giro en redondo:
cuando entra en el aparcamiento
estoy apoyado en el guardabarros de mi coche.
va borracha y trae los ojos bañados en lágrimas:
‘hijo de puta, me estabas follando sin 
ganas, me dijiste que siguiera llamándote,
me dijiste que me mudara más cerca del centro, 
y luegi me dijiste que te dejara en paz’.
todo es bastante dramático y disfruto.
‘claro, bueno, ¿qué quieres?’
‘quiero hablar contigo, quiero ir a tu 
casa a hablar contigo…’
‘ahora estoy con alguien. está comprando un
sándwich’
‘quiero hablar contigo… las cosas no 
se superan tan pronto. necesito más tiempo’
‘claro. espera a que salga ella. no somos tan
inhumanos. podemos tomar una copa todos juntos’
‘joder’, dice, ‘¡joder!’ 
se mete en el coche y se marcha.
la otra sale:’¿quién era ésa?’
‘una antigua amiga’.
ahora se ha ido ésta y yo estoy aquí borracho
y mis ojos parecen bañados en lágrimas.
todo está en silencio y siento como si tuviese una lanza
clavada en pleno estómago.
voy al cuarto de baño y echo la pota.
compasión, pienso, ¿es que la especie humana no conoce

la compasión?

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